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Ejecuciones y desapariciones forzadas, consecuencias de búsqueda del Chapo; “marinos atacaron a inocentes”: testigo
Por:  / 7 enero, 2016
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Ejecuciones, desplazamientos y desapariciones forzadas, son algunas de las consecuencias que dejó la búsqueda de Joaquín Guzmán Loera en Durango, Sinaloa y Chihuahua, entidades que conforman el triángulo dorado, y posibles escondites del narcotraficante.

Rosaura, tiene 70 años de edad, es originaria de Sinaloa y narra a Revolución TRESPUNTOCERO que durante algunas semanas, después del escape de Guzmán Loera, la Marina irrumpió en el municipio donde vive y comenzó una gran ola de violencia.

“Llegaron un domingo, ese día todo está silencio, la mayoría de la gente está en su casa, por eso hubo más miedo. Aparecieron abriendo fuego a todo lo que se movía, no se habían instalado y la lluvia de malas no paraba, no respetaron, niños, adolescentes, jóvenes y adultos, eran blanco, parecía que los habían mandado a exterminar el pueblo.

Pero no era eso, dizque estaban buscando al Chapo Guzmán, pero cada día fue peor, no tenían hora para abrir fuego, para levantar personas y golpear a otras, para los marinos todos teníamos nexos con el narco, así que a todos nos interrogaban o intimidaban. A otros los amenazaban y a los muchachos por ser jóvenes los golpeaban. Así fue como las familias comenzaron a padecer la desaparición de sus hijos”, comenta Rosaura.

Ella dedicada al comercio ambulante, asegura que por la tarde las calles principales del municipio habían quedado en completo silencio y entre pobladores establecido un toque de queda, no por los grupos pertenecientes al narcotráfico, sino por los de la Marina y el Ejército, “buscaban sin buscar y atacaron a puros inocentes”.

Familias enteras decidieron huir de las comunidades, comenzaron su desplazamiento a mediados de octubre, poco después que Guzmán Loera se escapara, pese a la supuesta seguridad que Enrique Peña Nieto afirmaba se tenía para con el preso en ese momento.

Los pobladores no fueron socorridos por ninguna organización o dependencia, por el contrario, tuvieron que abandonar sus viviendas a escondidas, cruzando matorrales y exponiéndose a peligros, para poder salir de la comunidad y no ser alcanzados o detenidos en forma arbitraria por la Marina, “quien no te perdona nada, cuando ya te escogió para detenerte o matarte”, afirma Rosaura.

Por su parte, José Luis asegura a este medio, que cuando decidió abandonar su casa, no se llevó nada consigo, “una noche comenzaron a disparar con mayor intensidad y agredir a algunos muchachos que llegaban tarde a sus casas porque tenían la necesidad de doblar dobles turnos, la Marina parecía querer desquitarse con nosotros por el escape del Chapo, parecían tan enojados que no lo buscaban a él, sino a quien se las pagara por ser ellos quienes cayeran en las burlas.

Golpearon jóvenes y amenazaron con llevárselos, entonces no hubo más que escapar, no llevamos ni agua, ni comida, mucho menos ropa, a eso de las 2 de la mañana el peligro era inminente, mi esposa y mi hijo nos escabullimos, tuvimos que atravesar zonas boscosas, luego que vimos como se incendió un rancho entero y vehículos, Cosalá era lo más cercano a la paz que en ese momento nos salvaría y nos arriesgamos”.

A la familia de José Luis se le sumaron poco más de 200 familias que con el paso de las semanas recibieron apoyo de organismos civiles para emprender la migración forzada aCosalá, luego que Marina y Sedena los hostigaran, asegurando que los pobladores conocían el paradero de Loera, motivo por el cual se denunciaron propiedades incendiadas, vehículos destruidos y población agredida en forma violenta.

Tan sólo en Cosalá, 600 personas de comunidades pobres y extrema pobreza, provenientes del municipio de Tamazula, pidieron refugió y denunciaron violencia extrema, hostigamiento, amenazas de muerte y daños a las propiedades de los pobladores, dejando en muchos casos, casas totalmente calcinadas.

En Chihuahua una fuente, que prefiere mantenerse en el anonimato, asegura aRevolución TRESPUNTOCERO que días más tarde del escape del Loera, en las comunidades de la sierra de Chihuahua comenzaron a desaparecer jóvenes campesinos, “no fue un grupo muy grande, pero se sabía que la Marina andaba por aquí, buscando al Chapo  y ellos fueron interrogados, porque llegó a la zona gente vestida de civil que nos preguntó por el narco, dijeron que si les dábamos pistas, nos daban recompensas, pero no era así, querían detener gente inocente para luego presentarlos como cómplices del narco.

A uno lo dejaron escapar, lo interrogaron pero aseguró que no lo conocía, que era estudiante y podían preguntar con los vecinos, les dio miedo que pudieran exigir su libertad seguramente, o que la población se levantara y hubiera un mayor escándalo, pero a otros muchachos no se les volvió a ver. El Escape del Chapo para quienes vivimos en Chihuahua, Durango y Sinaloa se convirtió en una tragedia, porque perdimos nietos, hijos y amigos, a otros los lastimaron tan cruelmente que las secuelas estarán ahí de por vida, nosotros fuimos las víctimas del gobierno y de sus errores”.

El experto en seguridad, Rosendo Robelo, asegura que “la búsqueda de Loera, por zonas del triángulo dorado, solamente fueron patadas de ahogado para acallar las opiniones nacionales e internacionales, sobre un gobierno nefasto que no fue capaz de retener al capo y tampoco interés debido para recapturarlo, y que mientras Peña Nieto estaba en el extranjero, cientos de mexicanos eran quemadas, desaparecidas, torturadas, ejecutadas y desplazadas.

Sin embargo, el gobierno federal jamás habló de ello y por el contrario, poco a poco y día a día el tema del escape pasó a segundo plano y después a la desaparición, ya pocos se acuerdan de cuando Loera decidió irse de la cárcel, pero no saben que esa salida le costó sangre y dolor a muchas familias, que no están contabilizadas, que tampoco han recibido ayuda de ningún tipo y posiblemente algunos de los menores hijos morirá por la pobreza, al no recibir el apoyo necesario, porque cada operativo incluyó muertes de padres, de hijos, de hermanos, que eran inocentes y fueron víctimas de Marina y Sedena, bajo la protección de un gobierno federal inepto”.

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